17 de Agosto del 2006 - Torcuato Tasso - Junto a Francisco Bochaton

Si hay un lugar que crea un clima especial para la buena música, ese es el Tasso. Y si esto es acompañado por músicos que defienden con uñas y dientes el arte, y la calidad en la creación con acordes paridos del alma la velada no puede ser mejor.

El primer artista en salir a escena fue Bochatón. Con todo el poder poético de su repertorio, cantó versiones pragmáticas de casi todos sus discos. Empezó con la banda creando un ambiente cálido con la acústica para luego intercambiar con la eléctrica eclécticos sonidos. Tal fue el caso del largo estribillo “Hojas de Alcaucil”, de su disco Cazuela.

En el tercer jueves en San Telmo el lugar estaba repleto. Francisco, con canciones intimistas y con una línea creativa impecable, cerró su set con “Tres Monedas”.

Después, entre cuadros colgados, y con sólo una guitarra, el Poeta del Oeste salió para calentar el ambiente. Abrió con bellas melodías de eterna nostalgias, como fue el caso de “Nenas”.

Para el cuarto subió Garpamal, así es como Palo llama al cuarteto de guitarras que conforman el grupo de compañía en varios tramos del espectáculo. “Madrugadas”, el inédito “Soledad”, “Tabernero” o “Golondrinas”. Grandes versiones de viejos clásicos con aires de tango y milonga.

El calor iba ganando en las mesas. La gente gritaba más y más. También el viejo trovador se dio el gusto de presentar varios temas nuevos como “El grito del Chimango” o “Afrodita”. Cada paso fue especial. Cambió constantemente de velocidad e intensidad. Las creaciones poéticas fueron una constante en toda la noche. La variación entre temas también. Así es que del profético “Todos somos el enviado” se pasó a la dulce lírica en “Karma Policía”, de Radiohead. “Algo robado de las islas diabólicas”, anunció Pandolfo. Y agregó: “ladrón que roba a ladrón…”

Para el final “Vamos Mujer”, un tema de los Quilapayún. A este se le sumó “Carnavalonga”, con charango y todo. La noche mostró a un Palo tan emocionado como humilde. El cierre estuvo a cargo de “Argentina 2002”, un tango hard core, “Tapa de los Sesos” y “Estaré”. Pero todo fue tan increíble que la gente no dejó que se despida con la canción que siempre da cierre a sus conciertos. Y así fue que improvisó “Cenizas y Diamantes”, un legendario tema de la etapa de Don Cornelio.

Dos genios se presentaron juntos para mostrar que el arte no es un producto descartable y comercial. Pasaron 3. Quedan un par de noches más para aprovechar a estos grandes que se unieron para regalar habilidad y destreza musical a todos.

Periodista, gentileza: Gaston Magallanes
Fuente: www.elbondi.com
Fotos: Maximo Gimenez - OvA

 

 

 

17 de Junio del 2006 - ND Ateneo

La noche fresca capitalina no impidió que se acercara gente al ND Ateneo para asistir al espectáculo de un trovador por excelencia. Cerca de la medianoche se abrió el telón y, con sólo una viola criolla, salió a escena Pandolfo.

El show comenzó con varios temas nuevos y acústicos. Entre ellos Chimango, Nenas, sueños. Visores, un legendario tema de la época de Don Cornelio y la Zona, fue el quinto. Después comenzaron, de a poca, a ingresar el acompañamiento de cuerdas. Primero fue el turno de Gustavo San Martín para interpretar Sangre. Después se sumaron Santiago Fernández y Rodrigo Guerra.

Las guitarras le dieron más emoción a la noche. La banda sonaba perfecta. Y, con ellos, llegó la hora del arrabal. Turbias Golondrinas, Tabernero, Madrugadas y Balada de los 3 ahorcados fueron algunos de ellos.

La velada se iba transformando en fiesta. A Palo se lo veía muy emocionado. Y el preludio de la danza final que se iba a dar con varios clásicos fue Vamos Mujer. Un tema de los Quilapayún. La canción, con aires de carnavalito y ritmos andinos, contaba la historia de 3000 obreros chilenos fusilados salvajemente en 1906. y para seguir con la línea presentó un tema nuevo: Carnavalongo.

Todo ganaba en intensidad. La gente ganó el pasillo y ya no se sentaba en las frías butacas del teatro. Para el final los conocidos por todos: Ella Vendrá, Tapa de los Sesos y el cierre con el infaltable e inoxidable Estaré.

El artesano de melodías pasó por el ND dejando su impronta de cantor maduro y expresivo. Palo está volviendo. De a poco de acerca lo mejor…

Periodista: Gentileza: Gaston Magallanes
Fotógrafo: Beto Landoni
Fuente: www.elbondi.com - www.revistalabitacora.com.ar

 

 

 

20 de Marzo del 2006 - Club del Vino

Caminar por las calles de adoquines y entrar al hermoso Club del Vino, con su fuente y su viejo patio de galerías, siempre es como refugiarse un poco en las lejanías del tiempo. Las paredes decoradas con diversos varietales de místico sabor, un escenario con poca luz y la magia de un cantor mutando de estilo, hicieron de la noche del jueves un momento único.

Palo volvió. ¿Alguna vez se fue? El tiempo sin tocar no es tiempo perdido. Es parte de la vida que hace que te pasen cosas para poder escribir, para poder crear. Y eso es lo que sucedió con este artesano de las melodías. Bajó de los pagos del Oeste para, con muchos amigos, convertir su música en magia.

Acompañado solo con una guitarra criolla Pandolfo se sentó frente al público y comenzó con El ritual. La velada arrancó tranquila. Una pequeña iluminación blanca lo enfocaba. A cada final de tema le seguía un coro de aplausos, provenientes de todos lados. El primer invitado fue el legendario Miguel Zabaleta. Se sentó en el piano e interpretaron el tango de Virginio Espósito, “Chau, no va más”.

Mostrando diferentes facetas de su música, Palo estuvo acompañado Gustavo Semmartin y Rodrigo Guerra –ambos también integrantes de la agrupación Me Darás Mil Hijos- y Santiago Fernández –de Pequeña Orquesta Reincidentes y habitual colaborador de Flopa. Más tarde se suma la banda con la que grabó y presentó su último disco de versiones Antojo, integrada por Tito Losavio en guitarra, Timoty Cid en batería y percusión y Hernán Gravelloni en baby bass.

Con sus onomatopéyicas melodías, el cuarteto de cuerdas y los invitados, fueron generando un clima que muy intenso. Siempre cantando con pasión interpretaron Madrugadas. Luego Palo tocó un viejo tema inédito que la estuvo guardado en una mesita de luz por varios años: Soledad. Y a eso le siguió La balada de los tres de Juan Gelman. Ahí se lo vio al cantor parado con pose melancólica mientras duró la base instrumental, para, luego, volver con toda la furia.

La faceta tanguera iba cobrando más importancia. Fue con la impresionante versión de un tango de la década del 20, Tabernero, que todo estalló en aplausos. Otra invitada fue Lidia Borda de la Orquesta El Arranque. Juntos hicieron Turbias golondrinas. Después ella sola en voz interpretó la tradicional composición de Gardel y Le Pera, Volver.

Los invitados, los temas y esa sensación de negarse a bajar del escenario fueron contagiando al público de una adrenalina musical muy interesante. Con 5 guitarras interpretaron una hermosa canción que habla sobre los tiempos post estallido: Argentina 2002.

Para el final, con todos los músicos invitados y estables, arengaron con Tapa de los sesos. Después llegó el turno de un tema de los Visitantes: Estaré. Y ahí la algarabía se hizo fiesta arriba y abajo. Y con eso pareció que terminaba la noche. Palo se fue, pero volvió (como siempre).

"Ella vendrá" de Don Cornelio, "Ella" de su última producción Antojo y Playas Oscura fue el cierre deseado por todos. O no. La gente gritaba que siga. Y el trovador no se quería ir. Pero las luces se encendieron y todo llegó a su fin.

Paso por el Club del Vino, en su tercera presentación. Se lo vio muy inquieto durante todo el show. La faceta acústica le sienta bien, pero no del todo. Y él aunque se quiera convencer de esto, no puede hacer. Y es así que anunció que la próxima va a ser eléctrico. Ahí se verá al verdadero Palo Pandolfo.

Periodista: Gentileza: Gaston Magallanes
Fotógrafo: Beto Landoni
Fuente: www.elbondi.com - www.revistalabitacora.com.ar

 

 

 

26 de Diciembre del 2003 - ND Ateneo

La pregunta que nos hacíamos en los noventa era si Maradona o Passarella. Parece que Diego no fue a la cancha del Bicho; a ver, Diego, ¿anda por acá?" preguntó Roberto Andrés Pandolfo desde el escenario del ND Ateneo. Pasada la medianoche, alguien pidió whisky y Palo, que festejaba veinticinco años con la música y cerraba el año junto a La Fuerza Suave, se perdió detrás de un Marshall y reapareció con un Criadores. Buscó a su hija: "Anahí, siempre hay que brindar con la Pachamama". A esa altura, la hija de Palo estaba dormida. Luego le contarán que su padre derramó un chorro al piso y la botella giró, de boca en boca, entre las filas. "Se lo dedico a Anahí y, con ella, a toda la femineidad", agregó.

Durante más de tres horas explotó la máxima del Tao, nombre de la experiencia solista de Pandolfo: La Fuerza Suave. Con Mariano Barnes en bajo, Javier Foppiano en batería y "Marianito" Mieres en guitarra prepara el disco Intuición, una prometedora vuelta que verá luz en breve. Casi toda la noche fue dedicada a su nueva etapa: arrancó con Te quiero llevar y continuó con una seguidilla de Intuición. La voz ambivalente que clickea en alarido visceral —Es el hueso el que dice/la energía que canta, se escucha en Fe— es seguida por la banda que potencia esos giros al extremo. El sonido de La Fuerza Suave fue una fuerza de choque. Arrolladora.

Tras el primer intervalo surgió un Palo acústico y dos invitados: Rodrigo Guerra (Reincidentes) y Gustavo San Martín. Tocaron Turbias golondrinas y el tango Tabernero. Al final, luego de la tercera aparición con bises, revivieron Los Visitantes y Don Cornelio. Rápido, porque apagaban las luces del teatro. Palo estaba en otra: boca arriba, con un interminable solo de la Fender, se despidió. Afuera, decían, había alerta meteorológico.

Fuente: www.clarin.com

 

 

12 de Octubre del 2003 - Río Negro

Palo Pandolfo se sube al escenario y ¿qué ve desde arriba?: unas 200 personas que primero observan y escuchan extrañadas cómo combina en sus letras sin muchos problemas y con menos prejuicios buena parte del paradigma filosófico oriental con los despojados acordes de una guitarra criolla, muchísimo más en el plan de una chacarera que en el de cualquier otra cosa.

Es cierto, la sensación es un tanto extraña, pero si se lo piensa un poco Palo Pandolfo debe estar haciendo -como nunca antes- lo que realmente tiene ganas de hacer. Y se lo ve feliz.

Casi 20 años después de la fundación de su ya mítica banda dark y punk Don Cornelio y La Zona -y a diez desde que el estatus de culto comenzara a envolver con una película de almíbar cada una de las tapas de los discos de Los Visitantes- si hoy hay margen para algo en la música de Pandolfo, ese algo es el despojo.

Así, Palo se puede entender como el raro -pero feliz- caso de un músico que, pudiendo nadar de espaldas en las dionisíacas aguas del glamour, opta por el colectivo y las rutas largas y semidesérticas para cantar en tal o cual lugar dos o tres o diez canciones que tienen como homenajeada principal a la Vida, y si es con algo de poesía mejor.

En su show del viernes interpretó unas 15 canciones a lo largo de 90 minutos, y luego de la introducción -que sólo lo tuvo a él como protagonista- contó con el acompañamiento de Mariano Mieres en guitarras -integrante de La Fuerza Suave, la banda con la que Pandolfo ya grabó dos discos solistas: "A través de los sueños" e "Intuición", placa que vino a presentar aquí- y la percusión de Nacho Gentile, baterista de los locales Los Nuestros, el grupo que por segunda vez en el año organizó la llegada de Pandolfo a la ciudad.

Hubo tiempo para todo. Desde los temas de su flamante "Intuición", pasando por algunas perlas de "A través de los sueños", hasta clásicos de Los Visitantes como "Tanta trampa" y "Catarata de amor", ambos del álbum "Salud universal", todo bajo el halo mágico-protector del precepto musical y letrístico del propio Palo, que podría resumirse, empleando sus palabras, en: "Todos tenemos una misión en el mundo y esa misión en el mundo es la búsqueda de la felicidad".

Aunque en el camino haya otras cosas que también pueden merecer una canción. Entre ellas la tierra, la muerte, el dolor y, sí por qué no, a "los señores del espacio que nos bajan poder", como reza una zamba-alienígena de su autoría.

Puede que la amplitud, lo ambicioso y universal de las canciones de Pandolfo en algún momento de su carrera le hayan jugado en contra a la posibilidad de apreciar la calidad de sus letras. No hay muchos compositores en el rock argentino que tan singularmente hayan conformado un corpus temático que a la hora de las influencias hagan pie lo mismo en Jorge Luis Borges que en el Polaco Goyeneche, o en lo mejor del rock inglés de los 80 y en casi todo lo que sucedió en los 90.

Además de esto, con algunos matices, lo que se pudo escuchar el viernes fue lo de siempre: canciones que van de lo lisérgico a lo estrictamente espiritual, ancladas en una expresividad ocupada en poner de relieve en simple castellano el lenguaje de los sueños. Es decir, en algún punto, un recital de Pandolfo es una manera de acceder a sus sueños.

Un sueño en el que él observa desde una banqueta sobre un escenario a unas 200 personas que miran y escuchan raro. Y en ese sueño Palo está con una guitarra en la mano y desnudo de todo. Como siempre

Periodista: Fernando Castro para www.rionegro.com.ar

 

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