Biografía
Prensa
Distinciones
Fotos

 

Sueño que ella vendra

Por unos días, mi ritmo circadiano encontró cierta cohesión. Claro que tengo que irme a dormir a las cinco o seis de la tarde, y que ayuda que estos hayan sido los días en que el vecino de arriba viene cerca de las once. Pronto volveremos a la enfermante normalidad de dormir a pedacitos.
La cosa es que ayer empecé durmiendo para el orto. Primero me desperté ahogado un par de veces, incluso medio taquicárdico. Después, casi transpirado por las frazadas. Después, no sé por qué. Tipo diez y medio me levanté para hacer pis, y aproveché para bajar la persiana. El retorno del calorcito, cuando lo sentí en la ventana, me hizo flashear, aun semidormido, y me dije: “¡Qué buena noche para no estar durmiendo!”.
Me acomodé de nuevo en la cama como una momia, boca arriba, con las manos en el pecho y los tapones en los oídos, para evitar que la llegada del vecino impetuoso me sobresaltara. A la despertada siguiente, o a la otra, tipo doce, me saqué los tapones y finalmente pude dormir de costado. Expuesto al crujir de la estropeada cama de Johnny Noisemaker, que sufre no solo cuando garcha, sino cuando se da vuelta y cuando se acuesta o se levanta. Expuesto al ruido, sí, pero más cómodo.
Como no hacía frío, saqué el brazo de la cobija y lo doblé, de modo que parte de mi cabeza quedara sobre él y otra parte, sobre la almohada; y la mano, en mi cabeza. Y me dormí en mi posición preferida.
Casi cada despertada me hacía recordar, aunque fuera brevemente, detalles de lo que había soñado. Detalles que no retuve, salvo aquellos que remiten a cierta ansiedad que no me deja ni cuando duermo: ramos de romero, un lavarropas roto, una chica embarazada y su compañera de trabajo; La Muerta, muerta, o catatónica, sentada en un sillón, con cara de espanto, y yo despertándome en un grito al no conseguir que reaccione.
Hasta que Palo Pandolfo se metió en mi sueño y tocó “Estaré”. Y soñé que me despertaba y cantaba el estribillo. Agitando el brazo, tal vez sentado en la cama, con una luz leve, más cálida que la del analizador de espectro del equipo, iluminando esa parte de mi cuarto.
Parece que el chabón tenía muchas ganas de tocar, porque después invitó a Alejandro Varela y pelaron una versión impresionante de “Ella vendrá”. ¡No sabés cómo sonaba esa viola! Parecía que estaba enchufada de la consola a mi cerebro.
Nunca sabré si lo soñé, pero sentía mi mano, la yema de los dedos, marcando el ritmo con golpecitos en la cabeza. Lo más probable es que lo haya soñado, porque estaba en tempo, y yo tengo menos ritmo que el electro de un cadáver.
Después hablaban de mi blog, pero eso se lo habrá comentado la chica de la boletería, la vez pasada. Habían hecho la mejor reunión de Don Cornelio que podían hacer, y solo para mí.
Palo, persistente, volvió una vez más. Llegó tarde al boliche, demorado por la lluvia, con la acústica al hombro. Yo estaba acompañado esa vez.
Antes de que empezara el show me desperté sonriendo.
El mejor sueño en años.

Escrito por Olga Eter

 

¿Cuánta música cabe dentro de Palo Pandolfo? Te lo preguntas tarareando “Te quiero llevar”, la canción que no se entiende (¡nose- entiende!) cómo no fue hit de verano. Si Palo es la digresión, bolú, es el método que las delanteras vienen proponiendo porque alguien tiene que proponer algo.
En Facebook, la última esperanza de organización gregaria, hay una página tuya con 730 fans que no van a verte tocar. Una vez tuvimos la chance: ey, Palo, vos hiciste el Nevermind argentino con Patria o Muerte antes de que nos enteráramos de la existencia de un tal Cobain. Pero hay que parecer, Palo, hay que dejarse la cresta. Esto es drama, comedia, representación. Un cachito más de superficialidad. Se usa.
Además, vos sabés lo que son las tazas de té chino. O sea: taza, o sea de té, o sea made in China. Sabés de qué hablamos si hablamos de procedencia. Porque está bien expectorar oraciones como si fueran sólidos, aunque es demasiado. Las revoluciones son cosas de la modernidad y hoy somos todos DJ, man. A socializar. Facebook, ¿entendés?
Falta un rato para que empiece el show y vas a fumar a la calle, ¿vamos?, y afuera hay uno que te dice qué bueno ver a Palo tan de cerca. Nada, un comentario, pero si estás ahí, si sos uno de los cuarenta, sentís un grado de confianza, un seguro-seguro que nos conocemos de otras batallas doncornelias y visitantes, entonces pitas y preguntás ¿cuántos somos los muy que podemos hablar del entusiasmo (la intensidad, el ardor) de Palo? ¿Cuántos entendemos que el rock es una injusticia si él no está en el Quilmes? ¿Cuántos los que sabemos cómo transpira este tipo que trova como loco? ¿Cuántos los que entendemos que Palo es lo más punk que nos dio esta musiquita llamada rock nacional?
Lo mejor de todo es verlo en acción. Cuando toca, Palo no trabaja. O sí, pero no se le nota. Canta, emana, se cuelga la guitarra, cierra los ojos, magiquea. Palo bonito hace que lo ridículo de estas mesitas de café concert deje de importar. Palo eh arranca con “Un rosario en el muro” y a bailar. Si Palo fuera yanqui, sería “Palou en Obras”. Si estuviéramos más al Norte, esto tendría registro y destino fílmico. Un Coffee and Cigarettes que ni Iggy Pop. Ponele la firma.
Palo no enturbia el agua, pasa que la excavación es demasiado profunda. Habría que preguntarle a los que les gusta la palabra “ontología”. Ellos deben entender mejor que lo del alma de par en par es demasiado para el mundo exterior. Hay que replegarse. A polarizar: buenos o malos, poesía o policía, maniqueísmo y arriba esas palmas con el “Binariato del Río de la Plata”.
A Palo lo llamamos una vez para contratarlo. No somos Grinbank con seudónimo, sólo que tenemos información, un poco, y sabemos que hace shows privados. Como Los Siete Delfines o los Decadentes. Marcamos el teléfono con prefijo conurbano y le contamos del casamiento de un amigo y de la vaquita que armamos con los pibes. ¡¿Cuánto?! Palo te tira un precio escamoso. Ahh, decís, bué, gracias y no hay regateo, porque jamás se te ocurriría discutir el caché de alguien que te hace feliz desde hace 20 años. Otra vez será, decís, y te vas a Falabella para comprar una salsera gigante con forma de pato.
Y otro día vas a verlo en un recital para pocos. Decís uh, que pena que tantos se sigan perdiendo esto. Pero qué bueno estuvo. Y te vas lleno. Che, Palo, ¿cómo se te ocurre trabajar con las sensaciones? Hay que pensar más en las necesidades corporativas, o al menos en las necesidades coolectivas. Nada, gracias y un abrazo grande. La pasamos bárbaro pozoguerrilleroirascible.

Hernan Firpo y Daniela Pasik para la Revista Llegas a Buenos Aires

http://www.revistallegas.com.ar/agosto09/notamusica1.html

 

 

y a hora buena las palabras,
y a todo esto,
un simil de mi,
de esa extraña satisfaccion al
sentir que todo no es un no,
que todo es el poder de hacer
y de que el mundo entero no nos invade
y que si,
nos extraña y nos entraña,
y nos in-tal cosa....
y escucho,
si escucho esas in-todas,
que persigue mis deseos
que alimenta mis hormonas
apretando y entorpeciendo
todo lo que siento.
y
y
y
la furia crece,
desata
arranca
todo
y que?
te abrazo!!!!!
te tumbo
te sacudo
quiero yo tambien
quiero vale 4.

Escrito por Tania Covelli

 

En esa lampara esta mi alma
llena y descontenta.
Puta y maliciosa la garganta,
que canta su cancion
de
tachas oxidadas,
y el veneno de las luces
del gran buenos aires
sudando su energetica
mision de enloquecer
a quienes desconfian
del futuro.
Envuelta de placenta
nado,
pero mi oxigeno esta
en otro lado.
Esa lampara que no cesa,
ese foco
incandescente que me
tira y me lanza
a la accion constante
de seguir,
caminar,
correr,
dormir,
amar,
y tantas experiencias
que podria meterlas
en profundos
abismos existenciales...
y que por mas que
vuelque mi estadio
de preguntas, de emociones
exacerbadas,
claro esta
que vivo
y no
domino,
a esa bestia con capucha
que brota y embrutece
todo mi andar
llevando con migo
a esa lampara
y su contenido,
que no logro
asimilar,
como lo que es en si misma,
y su vitalidad.

Escrito por Tania Covelli

 

 

Ilustracion de Julian Sequiera

 

 

 

 

Ilustracion de Tania Covelli